Testimonios
Este texto es una entrevista publicada en el periódico «Du Salève au Vuache» (departamento de Haute Savoie en Francia).
Nací en febrero de 1947, cuatro días después de que la Iglesia Católica fundara los institutos seculares. Esta fecha quedó grabada en mi memoria y me acompañó y sostuvo desde mi nacimiento hasta el día en que un pasaje del Salmo 71 me conmovió profundamente:
«Señor, Dios mío, tú eres mi esperanza, mi confianza desde mi juventud.
Has sido mi apoyo desde antes de nacer. Me elegiste desde las entrañas de mi madre.
Serás mi alabanza por siempre».
… y yo dije que sí en el instituto secular de Las Oblatas misioneras de María Inmaculada, hace 56 años.
Tras una vida profesional ajetreada como enfermera en cardiología, ortopedia y como parte de un equipo de capellanía, sigocomprometida hoy como animadora de personas con discapacidad en el centro «Nous aussi». (Nosotros también).
De vez en cuando, organizo una excursión a la montaña para adultos y niños, a la que llamamos «La merienda de Mado».
Discreta respecto a mi pertenencia a un instituto de vida consagrada, me sorprendió mucho cuandounas personas de mi entorno, e incluso una periodista, me preguntaron: «Pero ¿quién eres? ¿Puedes explicar esta fuerza que habita en ti?»
Mi reacción fue: Entonces, ¿Eso se ve, se siente, se percibe?
Hoy, cuánto más voy envejeciendo, más sientola presencia de este corazón a corazón, entre el corazón de Dios y el mundo, que me anima en mi vida diaria, en una vida de lo más ordinaria.
Experimentar la revelación de este testimonio me invita a continuar con esta forma de compromiso.
Esto me recuerda las palabras que el Papa Benedicto XVI dirigió a los institutos seculares:
«Sean semillas de santidad, sembradas a manos llenas en los surcos de la historia».
Mado Riggaz (Francia)
Mayo 2026
