Viernes, 18 Enero 2019 17:49

Los jóvenes refugiados

lise jacquesDesde hace seis años muchos refugiados se han instalado en mi barrio. Son familias jóvenes de Siria y de diversos países de África que hablan árabe. A través de los acontecimientos de la vida diaria les ayudo en su integración; esa es mi manera de asumir mi plena responsabilidad de cristiana comprometida y de ciudadana de mi país.

Cada otoño pongo comederos para alimentar los pájaros durante el invierno. Como temo que los niños recién llegados los rompan, los invité a participar en mi proyecto. Así, habiendo colaborado en la instalación, protegiéndolos, los niños se sintieron responsables. Aproveché a la vez el tiempo para enseñarles a conocer las especies de pájaros que podían venir a comer. Para estimularlos, cada niño tenía una ficha con su nombre pegado en mi nevera y cuando veían una nueva especie, entraban en mi casa para escribirlo en su ficha. Tenía que asegurarme de que tenían la buena identificación. Al mismo tiempo, miraban las fichas de otros para conocer quien marchaba a la cabeza. Durante todo el invierno, Isaka fue quien identificó más especies, o sea, diez.

A través de los gestos más simples de la vida cotidiana los ayudo a integrarse en nuestro país y a enriquecer su francés. El año pasado me ayudaron en la decoración de mi departamento para Navidad, pusimos luces en la puerta del patio, fabricamos estrellas y preparamos el pesebre. Fue una ocasión para hablar de los cristianos.

Juntos hacemos rompecabezas, que es una buena ocasión para aprender los colores y diversas palabras en francés. Otra cosa apreciada es jugar al comercio. Pongo precios sobre unos objetos y tanto el que vende como el que compra, debe saber contar el dinero canadiense.
Les enseñé un juego de naipes muy fácil de comprender. Cada jugador recibe cinco maníes. En su turno, los que pierden deben dar dos maníes al que gana. En una ocasión, Ibrahim se molestó mucho porque tuvo que entregar sus dos últimos maníes.

Los gemelos Rajal y Roumane, de Siria llegaron a Canadá hace 3 años. Rajal, el pequeño varón tenía una enfermedad en la cadera y necesitaba ser operado lo más pronto posible para no tener esa enfermedad toda la vida. Su padre me dijo que Canadá los había aceptado más rápido debido a la operación. Hoy en día, Rajal corre como todos los niños. Hace un año su madre dio a luz una niña. Al regresar a la casa, los gemelos vinieron felices a buscarme para que conociera a su hermanita. La madre estaba sentada en la cama con su hijita y me enseñaron también su cuarto. Saltaban de alegría en su cama.

Este otoño, Rajal y Roumane, 6 años, vinieron a venderme tabletas de chocolate para las actividades escolares. También vinieron otros niños más. Me he sentido generosa ya que el día de Halloween, entregaré esas tabletas de chocolate a los niños que vendrán a visitarme. De hecho, ya se las di a esos niños muy disfrazados.

Estas son algunas de las actividades que hago con los refugiados, vienen a mi puerta y tengo que acogerlos para así ayudarlos a integrarse en Trois-Rivières.
«Yo era extranjero y ustedes me han acogido» (Mat. 25,35).

Bienvenidos a Canadá, Babaa, Bilal, Adnan, Isaka, Ibrahim, Rajal, Roumane y todos los otros que
vendrán.

Lise Jacques

Trois-Rivières, 18 de diciembre 2018.