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«En
todas las circunstancias de su vida cotidiana, la oblata es llamada
a vivir las exigencias de la espiritualidad del Instituto, la
cual se concretiza en una vida de oración creadora de actitudes
apostólicas e inspiradora de caridad en acción.»
(Constituciones 1.15) |

La relación con Cristo está en el centro
de nuestra vida para dejarnos transformar primeramente. Cada día,
bebemos en esta fuente de vida.

El mandamiento de Jesús a sus discípulos
la víspera de su muerte "Amense los unos a los otros"
(Jn 13, 34) orienta nuestra espiritualidad. Para alcanzar este grado de
amor, nos aplicamos a desarrollar cinco actitudes particulares:
- Presencia de Dios
- Estar atentas a la presencia de Dios en el momento presente,
- Ausencia de crítica destructiva interior
y exterior
- Evitar la crítica destructiva cultivando una mirada amante
hacia las personas,
- Ausencia de queja inútil interior y exterior
- Abstenerse de quejas inútiles acogiendo positivamente los acontecimientos,
- Ser de servicio
- Estar atentas a servir al prójimo donde quiera que esté,
- Artesana de paz
- Esmerarse en toda circunstancia por construir la paz.

En un único movimiento de amor de Dios y del prójimo,
hacemos gestos gratuitos en favor de los demás.

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