Sábado, 22 Junio 2019 14:23

Catecumenado

catechumenatEl inicio a los sacramentos de la vida cristiana (bautismo, eucaristía, confirmación) para adultos, es una gracia a recibir que me fue dada en nuestra unidad pastoral este año viniendo a buscar en mis competencias catequéticas para adultos.

Un llamado que se dirige a los adultos pero que despierta a toda la comunidad. No podía dejarme indiferente encontrarme con estos adultos que oyeron en su corazón, a través de la Iglesia, el llamado de Jesús a seguirle como discípulo.

Tres jóvenes, una sin documentos de identidad nos obligó a introducirnos en este mundo de los refugiados. Ella no es persona en la sociedad, pero para nosotros es alguien y única. La segunda, especialista en cambio de horario debido a circunstancias de vida difíciles y que va a poner a prueba nuestra paciencia y nuestra disponibilidad y la tercera, sin empleo, sin ingreso estable y en condiciones de vida de familia complicadas.

Para nosotras, Françoise y yo, esto nos pide un replanteamiento de la totalidad de nuestra vida intelectual, afectiva, social y espiritual.

El llamado. Este llamado y esta respuesta provocan un crecimiento humano para cada una de estas personas debido a los «SÍ» repetidos a pesar de todos los obstáculos: las miradas de los demás sobre su conversión, la de su propia familia, de la sociedad, de su empleador, de sus compañeros de oficina. En medio de esta realidad tal como es, Dios toma el primer lugar en su vida. Según su historia, Dios ama a estas personas con ternura, misericordia, y de pronto se revela a ellas como un Dios de amor.

El Espíritu Santo trabaja en el corazón de cada uno, así como en la comunidad cristiana.
El testimonio de una comunidad acogedora, generosa y orante donde la presencia de Dios se vive simplemente, es una confirmación que el cristiano no puede vivir su compromiso, a solas.

Con la palabra de Dios, en cada encuentro y (aclarada en los escritos del Padre Parent) yo voy a enseñarles a desarrollar una unidad de vida, a identificar lo que se mueve, lo que cambia, lo que todavía debe nacer y poner en marcha todos los medios pedagógicos para que este nuevo nacimiento se realice y que la vida pueda nacer. Acompañarlos, sostenerlos, animarlos a una conversión profunda y entusiasta que se vive en la reciprocidad, pide un vocabulario comprensible, una profunda escucha del Espíritu, un análisis crítico, un clima de oración y de interioridad.

Algunas lecciones de la experiencia:
- El acompañamiento por 2 personas, Françoise y yo, trae una complementariedad y una credibilidad en la acogida, la relación, el aporte específico de la vida cotidiana.
- La transmisión de la fe nos libera de nuestras «ideas» sociológicas. Se trata de una transmisión de fe más allá de nuestras edades y de nuestra cultura, nos hace tocar de cerquita lo que nosotras entendemos por Iglesia-comunión que se construye con la complementariedad de los ministerios y servicios (diáconos, sacerdotes, comunidades religiosas, institutos seculares y los laicos).
- Cuando las periferias vienen a nosotras, sobre todo las que no hemos escogido, hay que hacer una revisión sistemática de nuestras mentalidades, de nuestras maneras de pensar y de vivir. Pero la más bella experiencia es la toma de conciencia de que nuestra vocación como miembro de instituto secular y oblatas, es ajustarla a los llamados a los hombres de hoy y de la Iglesia.

Cuántas otras oblatas lo hicieron antes de mí, atrevámonos a creer en la buena nueva de paz y de alegría, que podemos aportar.

Marcelle C.
Françoise L.
Bruselas

A la izquierda el diácono Christian, en medio Irene, a la derecha,
el Padre Thierry cura de la unidad pastoral.

 

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