Espiritualidad en acción

El gran don de Dios

colombeEl gran don de Dios«Renacer a la vida divina en el bautismo es el primer paso; después es necesario comportarse como hijo de Dios, es decir conformarse con Cristo quien trabaja en la santa Iglesia, implicándose en su misión en el mundo. Para eso se necesita la unción del Espíritu Santo: “sin su fuerza, nada hay en el hombre”. Sin la fuerza del Espíritu Santo, nada podemos hacer: es el Espíritu quien nos da la fuerza de avanzar. De la misma manera que la vida entera de Jesús fue animada por el Espíritu, así la vida de la Iglesia y de cada uno de sus miembros, permanece bajo la tutela del Espíritu Santo.

El “Soplo” de Cristo Resucitado llena de vida los pulmones de la Iglesia; y en efecto, los troncos de los discípulos “llenos del Espíritu Santo” se abren para proclamar a todos, las grandes obras de Dios (cf. Ac 2, 1-11). El Espíritu Santo, es el gran don de Dios. Y todos nosotros tenemos el Espíritu en el interior. El Espíritu está en nuestro corazón, en nuestra alma. El Espíritu nos guía en nuestra vida con el fin de que lleguemos a ser la sal justa y la luz justa para los hombres.

Y yo me pregunto: ¿cómo podemos percibir que hemos recibido el Don del Espíritu? Si cumplimos las obras del Espíritu, si pronunciamos las palabras enseñadas por el Espíritu (cf. 1 Cor 2, 13). El testimonio cristiano consiste en no hacer sino todo lo que el Espíritu de Cristo nos pide, concediéndonos la fuerza para cumplirlo».

Extraído de “La audiencia general del Papa Francisco” 23 mayo 2018

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